Cultura

Transformar los tiempos difíciles por unos de mucho amor

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Estamos viviendo tiempos difíciles. El delito, la mentira, la vulgaridad, la superficialidad, el consumismo están en todas partes. Son falsos y altamente dañinos muchos productos que nos venden, entre ellos, medicinas y alimentos. La autoridad paterna casi no existe. Los hogares están en crisis. La contaminación del agua y el aire se extienden a todos lados, a tal grado, que se están extinguiendo plantas y especies animales. A nivel internacional hay guerras y amenazas de guerra. Los partidos y los individuos que hacen política no tienen ideología, ni metas, ni propuestas sociales. Son grupos e individuos que buscan poder y dinero.

A pesar de todo, aquí estamos. Vivimos en una ciudad, en un estado, en una república, en un mundo convulsionado y con posibilidades de estallar. Sin embargo, pienso que tenemos obligación de ser sanos y felices. Además, debemos contagiar a quienes nos rodean con nuestra salud y con nuestra felicidad. Dejemos de ver lo negativo del mundo y veamos la belleza que nos rodea: las flores, las plantas, los amaneceres, el cielo estrellado, la risa de los niños, la amistad y la familia.

Nuestro mundo positivo debe ser el hogar y nuestro entorno. Alimentémonos con pensamientos y noticias de paz, de prosperidad, de amor. De nuestra cabeza a nuestros pies está nuestra verdadera existencia. Las paredes de nuestra casa deben ser las que nos aparten de las tragedias y su techo nos debe cubrir de toda la maldad.

Nuestro mundo verdadero es este. Sí dentro de nosotros hay paz y armonía, sí de nuestra cabeza a nuestros pies hay salud y felicidad estaremos solucionando todos los conflictos. Todo lo que ocurre en el mundo es producto de pensamientos y acciones de individuos negativos. La solución es el cambio de mentalidad de los que han llevado a la humanidad al desastre. Ellos no tienen paz interna ni salud mental.

Hace unos días mi esposa y yo discutimos sobre algo insignificante. Levanté la voz y ella, con toda calma me dijo: nuestro mundo somos tú y yo. No hagamos la guerra mundial aquí, en nuestra casa… Esta expresión es correcta. Teniendo paz nosotros no nos afectan los acontecimientos que sucedan fuera.

A mis escasos ochenta y seis quiero -debo- ser sano, feliz y productivo. Si todos tomamos esta determinación transformaremos estos tiempos difíciles en tiempos de mucho amor.

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