Cultura
Transformar los tiempos difíciles por unos de mucho amor
A pesar de todo, aquí estamos. Vivimos en una ciudad, en un estado, en una república, en un mundo convulsionado y con posibilidades de estallar. Sin embargo, pienso que tenemos obligación de ser sanos y felices. Además, debemos contagiar a quienes nos rodean con nuestra salud y con nuestra felicidad. Dejemos de ver lo negativo del mundo y veamos la belleza que nos rodea: las flores, las plantas, los amaneceres, el cielo estrellado, la risa de los niños, la amistad y la familia.
Nuestro mundo positivo debe ser el hogar y nuestro entorno. Alimentémonos con pensamientos y noticias de paz, de prosperidad, de amor. De nuestra cabeza a nuestros pies está nuestra verdadera existencia. Las paredes de nuestra casa deben ser las que nos aparten de las tragedias y su techo nos debe cubrir de toda la maldad.
Nuestro mundo verdadero es este. Sí dentro de nosotros hay paz y armonía, sí de nuestra cabeza a nuestros pies hay salud y felicidad estaremos solucionando todos los conflictos. Todo lo que ocurre en el mundo es producto de pensamientos y acciones de individuos negativos. La solución es el cambio de mentalidad de los que han llevado a la humanidad al desastre. Ellos no tienen paz interna ni salud mental.
Hace unos días mi esposa y yo discutimos sobre algo insignificante. Levanté la voz y ella, con toda calma me dijo: nuestro mundo somos tú y yo. No hagamos la guerra mundial aquí, en nuestra casa… Esta expresión es correcta. Teniendo paz nosotros no nos afectan los acontecimientos que sucedan fuera.
A mis escasos ochenta y seis quiero -debo- ser sano, feliz y productivo. Si todos tomamos esta determinación transformaremos estos tiempos difíciles en tiempos de mucho amor.