Cultura
La paz es la mejor de las posesiones, no el dinero…
En la noche, por primera vez en mi vida, me acosté pensando en dinero. No en billetes sino en monedas. Imaginé que con lo de la alcancía se levantaban montones. Imaginé la cara de mi esposa cuando viera esos montones. Hasta podríamos ir de vacaciones.
A mis escasos ochenta y tres años de vida no he tenido obsesión por el dinero. Es muy importante para vivir. Es un medio. No un fin. Leí en algún libro o revista que con dinero se puede comprar comida, pero no apetito. Se pueden comprar medicinas, pero no salud. Camas y recamaras cómodas, pero no el sueño. Diversión, pero no felicidad. Lujos y confort, pero no paz. El dinero es poderoso, pero tiene límites.
También destruye. Es el causante de guerras, de divisiones familiares, de crímenes, de enfermedades, de infelicidad. Vivimos ahora con inseguridad y violencia por el llamado “crimen organizado” que está constituido por grupos que persiguen el dinero. Por dinero muchos pierden la dignidad, la honra y el prestigio. Pero no. No es el dinero. Es el amor al dinero. El dinero como fin. Es el dinero como símbolo de éxito, de grandeza, de poder. La obsesión por el dinero destruye amistades y familias. Es causa de infelicidad.
Para muchos el dinero en un medio, no un fin. Esa es la clave. Es necesario, es útil, es indispensable pero no el máximo valor.
Muchos, como yo, no tenemos obsesión de riqueza. Nuestras metas, nuestros propósitos no van al enriquecimiento. Podemos vivir con poco. Lo necesario para vivir con salud, paz y armonía.
La paz es la mejor de las posesiones. Si tenemos paz tendremos salud, felicidad y larga vida.
El dinero no eleva la calidad de vida. Una vida de máxima calidad la da el amor, empezando por el amor a uno mismo.