Principal

La escuela que tanto necesita Guerrero y México

Posted on

 

Por Juan Sánchez Andraka

En aquel tiempo no llamaban kínder a la primera escuela. Le llamaban parvulitos. Me inscribieron en parvulitos en 1942. Fíjense que me acuerdo. Mi maestra fue la señorita Beta Flores. No la llamaban maestra. Le decíamos señorita. Allí aprendí las primeras letras y leí las primeras palabras. Entré a la primaria a los seis años. Fue en el Colegio Morelos, en Chilapa, mi tierra natal. Mi maestro de primero fue el profesor Sinecio Moctezuma. En primer año aprendí a leer de corrido. Teníamos un libro de lectura que se llamaba Poco a Poco. Mi papá era dueño de la única librería. En segundo año mi maestro fue Luis Santos. Nuestro libro de lectura fue Corazón Diario de un Niño. Ya teníamos la gramática de Emilio Marín y Ciencias Naturales de F.T.D.

En Chilapa había solamente dos colegios particulares uno era para niñas -le decían El Verbo- y otro para niños. También había dos escuelas del gobierno. La escuela Justo Sierra para niños y la Eucaria Apresa para niñas.

No recuerdo que en alguna escuela -oficial o particular- se suspendieran las clases. Los maestros cumplían estrictamente con el calendario escolar. No me acuerdo de celebraciones del Día del Maestro, ni de Día del Estudiante. Todos los días laborables había clases. Los maestros y los papás estaban en permanente comunicación. El hogar y la escuela eran los centros de educación. Hogar y escuela eran responsables de nuestra formación. Maestros y papás procuraban ser ejemplos de conducta. Había castigos por nuestras faltas, tanto en la escuela como en el hogar. El horario era de nueve de la mañana a doce. Comíamos a las dos en la mesa familiar. A las tres volvíamos a la escuela y salíamos a las cinco. Siempre teníamos tareas. Estudié la secundaria en el Colegio del Estado, en Chilpancingo. Tampoco me acuerdo de suspensiones de clases. Los maestros eran puntuales, nunca faltaban y la comunicación con sus alumnos era cordial y sincera. Recuerdo con muchísimo cariño a todos.

Allí mismo, en el Colegio del Estado estudié la preparatoria. Allí, en el Colegio celebrábamos el Día del Maestro. Eran programas realizados en el mismo salón de clases. No había suspensión.

Me acordé de mis años escolares porque veo, ahora, escuelas vacías y maestros faltistas. La suspensión de clases es muy frecuente. No hay comunicación entre escuela y hogar. Tampoco hay ejemplos de conducta. Quiénes forman a las nuevas generaciones son los aparatos electrónicos.

Popular

Queda expresamente prohibida la publicación, retransmisión, distribución, venta, edición y cualquier otro uso de los contenidos (incluyendo, pero no limitado a, contenido, texto, fotografías, audios, videos y logotipos) sin previa autorización por escrito de El Reportero una edición de Editorial Tiempos del Sur S.A. de C.V. Chilpancingo de los Bravo, Guerrero. Implementado por: Happy Web