Opinión

La política sin prestigio

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ATREVERSE A PENSAR

Por Florencio Salazar Adame

La política, entre amplios sectores de la población, ha carecido de prestigio.

En parte, por el abuso del poder; también, por hartazgo de esperanzas fallidas.

¿Cuántas veces hemos escuchado: “a mí no me vengas con política”?

Sin embargo, desde el momento en que dos o más personas se relacionan —por la razón que sea— aparece la política.

Es presencia inevitable, diálogo común, acción constante en la sociedad.

Cuando ignoramos su importancia y nos apartamos de ella, hacemos exactamente lo que desean los dictadores: no estorbar, para que ellos puedan concentrar y abusar del poder.

Hoy, la información digital también busca convertir a los ciudadanos en especuladores pasivos y confundidos.

Hay malos políticos, como hay malos médicos, abogados, ingenieros o maestros. Pero esos elementos nocivos no desnaturalizan las profesiones.

Piénselo: si exigimos resultados, transparencia y rendición de cuentas, podemos evitar la inmoralidad política.

Nos guste o no, hacemos política todo el tiempo: en la casa, el vecindario, el trabajo, los partidos y las elecciones.

La buena política se ejerce de manera consciente y responsable.

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