Opinión

Somos lo que pensamos

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Por primera vez, en mis escasos casi ochenta y ocho años, sufro un dolor físico. Me duele mucho la espalda. No puedo moverme. No sé el origen de este mal. He consultado a tres doctores. Me han inyectado y recetado medicamentos. Estoy en la casa sentado, casi sin moverme. Las atenciones de mi esposa y de mi hija Yareli son excelentes. Veo en ellas preocupación y angustia. Nunca había estado así. Sin embargo, a pesar de todo, estoy en paz. Casi inmóvil donde yo escribo.

No soy pesimista. Estoy seguro que esto es temporal y que en días posteriores podré ir a trabajar y visitar a mis amigos. Es mi primera enfermedad. Ahora valoro mis años de salud y la amorosa relación familiar que tengo. También las atenciones y visitas de mis hijos y las llamadas y visitas de mis amigos y demás familiares. Ahora valoro más las relaciones de quienes me rodean. Pero, debo decir, que he tenido total salud durante mi vida. Ahora que ya no es así, pienso que la salud es lo más valioso.

Ni el mucho dinero puede ayudarnos a nada si no tenemos salud. Sin embargo, es lo que menos cuidamos. Las prisas, el estrés, la comida chatarra, los excesos, el mal carácter y la falta de armonía con quienes convivimos son la causa de que seamos una población enferma. La salud es nuestra responsabilidad.

La enfermedad es consecuencia de nuestros errores de vida. Es cierto hay contagios, accidentes y otras formas de perder la salud, pero, en la mayoría de las veces, es nuestra culpa. No veo a la vejez como una etapa de enfermedades, achaques y dolores. Los muchos años limitan nuestras posibilidades físicas. Pero una vejez enferma es consecuencia de una vida inadecuada. Conozco a muchos de mi edad que están activos y felices.

También conozco a muchos que son jóvenes y están llenos de achaques. Viven en la inutilidad. La comida y el sueño adecuado son básicos para tener salud. Pero, sobre todo, la armonía familiar, la convivencia alegre con los que nos rodean y la paz interior.

La mente es poderosa. Somos lo que pensamos. Hay quienes viven temiendo enfermedades y ese miedo se las provoca.

¿Qué me provocó a mí esta situación? Alguna imprudencia. Opinan mis familiares que fue porque me subí a una bicicleta en un terreno no muy parejo y que fueron los brincos los que me afectaron. En realidad, no sé qué pasó.

Pienso, ahora, que estoy aquí, sentado, con poca movilidad y dolores, que la vida sana es la mayor riqueza y que, a pesar de la mucha edad debemos tener proyectos, metas, propósitos.

La vejez no llega con los años. Llega con la forma de pensar y de ser.

 

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