Guerrero
Vandalizar la ciudad como estrategia electoral
Por Andrés Campuzano
@andrescampuzano
Imagine la escena.
En cuarto un equipo de asesores -nacionales o extranjeros- en temas político-electoral discuten sobre las estrategias para promocionar a su cliente, a pesar de que la fecha oficial del proceso electoral no está vigente, sin embargo, alguien en ese lugar tiene una gran “ideota” la de pintar un nombre, un apodo, una frase -aunque carezca de sentido- y se gane un espacio.
La propuesta lejos de incomodar a los ahí presentes resuelve que es una forma de apartar el espacio territorial y con esto quedarse en la mente de los electores, aunque falte mucho tiempo para el día de la elección.
Se destinan recursos millonarios, -en tiempos de la austeridad republicana- para la compra de miles de litros de pintura, latas de aerosol, se diseñan plantillas para ahorrar tiempo, brochas, escaleras y demás herramientas…se contrata de manera eventual a personas con o sin experiencia para que decoren: postes, bardas públicas y por supuesto que privadas.
Recuerde caro lector el altísimo costo de pintar su hogar o negocio ya sea si lo hace usted o contrata a una empresa que le cotiza por metro cuadrado, aquí el dinero no es problema, tampoco la ley, ni la falta de ética.
¿Qué dice la autoridad electoral ante esta realidad? Nada. Al no haber iniciado formalmente el proceso electoral no puede sancionarse nada, ¿qué dicen en el Congreso? Nada, ahí están varios aspirantes que pagan por vandalizar las ciudades. El vacío legal que ocupan para posicionarse, para que la gente no les olvide recae en un descrédito mayor, no hay que estudiar en universidades de prestigio para tener una pizca de razón aquí, esos asesores bien pagados recogen millones gracias a la ignorancia de nuestra clase política.
Señalaba que ocupan un nombre, un apodo o una frase para pintar bardas lo que les brinda una especie de protección ante cualquier proceso legal. “Experiencia que resuelve…Irugami…honestidad comprobada”, con esto se vandalizó la ciudad de Acapulco de Juárez y si alguien fuera honesto y tuviera experiencia no necesitaría pintarlo en propiedad privada sin el consentimiento de los dueños.
Que gran aportación sería encontrar en alguna red social o página web la dirección de la casa de campaña o el hogar de estos personajes para que la sociedad, ese pueblo sabio y organizado decidiera pintarles en sus muros frases de filosofía, ética y hasta un piropo.
“Jacko”, “Acapulco no se raja”, “Jacinto” y muchas más, pero resaltan tres aspirantes: dos hombres y una mujer que decidieron pintar su nombre y apellido lo que invariablemente tendrá consecuencias legales. El cinismo de los otros recaerá en la simple excusa de que no es el único con ese nombre de pila. Por cierto, ha escuchado alguna declaración de estos sujetos sobre los recientes acontecimientos de violencia en Guerrero y cuáles son sus propuestas o de qué manera han ayudado a las personas desplazadas de esas comunidades.
Lamentablemente, esas bardas ilustran nuestro fatalismo.