Cultura

Se me olvidó para que fui a visitarlo…

Ayer platiqué con un viejito. Tengo amistad con él desde hace más de veinte años. Lo visité porque necesitaba algunos datos de su familia. Estoy haciendo un relato de un suceso que ocurrió en la mitad del siglo pasado. Toqué su puerta y salió a abrirme un hombre canoso, arrugado, encorvado y pálido. “Quiero hablar con…” le dije. Sonriendo me dijo “Yo soy”. Me tendió la mano y pase adentro.

Su voz es de viejito. Sus ademanes, también. Vive solo. Una señora le hace el aseo, el almuerzo y la comida. La señora sale de la casa de mi amigo a las cinco de la tarde. Entra a trabajar a las diez de la mañana. Me ofreció una coca. La cambié por un vaso de agua. Sacó una cajetilla de cigarros y me ofreció. Le dije que no. Él prendió un cigarro y puso la cajetilla sobre la mesa ante la que estábamos. Mi amigo, el viejito, cumplió la semana pasada cincuenta y cinco años. Tiene tres años de viudo. No tuvo hijos. “No te veo desde hace más de un año” -comenté-. Ya no salgo. Fíjate que, como a ti, me duele la pierna derecha. Tomo pastillas para el dolor y para la presión. Cada mes voy a consulta con el doctor de aquí enfrente. Tengo diabetes, pero no muy fuerte.

Le platiqué que yo voy a la oficina a trabajar, que participo en ferias del libro, que, a pesar del mal de mi pierna, camino y hago ejercicio y le platiqué de algunos libros que he leído. También le dije que estoy juntando algún dinero para ir con mi esposa a conocer Tulum, el tren Maya y la península de Yucatán. ¿Te gusta el deporte? Preguntó. Nunca fui deportista -le dije-. Alguna vez fui jugador de básquet en la cancha de mi escuela…

A mí me gusta mucho el deporte -Me dijo-. No me pierdo ningún partido. Compré esa pantallota y allí veo todo como si fuera cine. Tampoco me pierdo las peleas de box. Me gusta ver el fútbol americano. Me jubilé hace cinco años y me la he pasado aquí con esta soledad que disfruto porque he llegado a la conclusión de que no hay amigos verdaderos. Los mejores amigos son los pesos que llevas en la cartera.

Prendió otro cigarro, tosió y le dio un trago a su coca.

¿Qué libros has leído? Pregunté.

Me aburre leer -Contesto-. Me duermo en la primera página. Veo televisión hasta las doce o una de la mañana.

Me acuesto y me levanto a las nueve o diez. ¿No te gustaría volver a casarte? No me hagas reír -Me dijo-.

Yo no creo en el amor de pareja. La difunta de mi esposa me hizo la vida de cuadritos. Era muy exigente. La aguanté porque me tenía la ropa limpia y la comida a la hora. La señora que trabaja conmigo hace lo mismo y le pago poco, bueno le doy un sueldo semanal.

Me despedí después de qué fumó otro cigarro y se terminó la coca. Ahora estoy angustiado. Mi amigo a sus cincuenta y cinco ya está chocheando. Y yo estoy alarmado porque ahora sí, creo que ya empecé a envejecer a mis casi ochenta y seis. Se me olvidó para que fui a visitarlo.

 

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