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¿OBISPO DE NARCOS?

• Captura de “Carrete” y Zenén, bajaron crímenes

• Voté por AMLO, creo en él y que ayude a pobres…

 

Por Jorge Valdez Reycen

Llegó manejando su Honda CR-V blanca. Le dicen “el obispo de los narcos” y no le molesta. Tampoco le disgusta ser comparado con el obispo de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, Samuel Ruiz, quien estuvo al lado de los indígenas zapatistas y fue acusado de “obispo guerrillero”… “para mí sería un honor”.

Es Salvador Rangel Mendoza, obispo de Chilpancingo-Chilapa, quien habló por primera vez de las detenciones de “El Carrete” y “El Chaparro”, pero también de “El Buitre”, como factores reales para lograr la pacificación de la sierra, Chilapa y Zumpango.

Hace cuatro llegó a Guerrero proveniente de Hidalgo. En tan corto lapso ha captado la atención del mismísimo Papa Francisco y de los más altos ministros de El Vaticano, por su apostolado llevado al extremo de convertirse en un prelado que tiene diálogos directos con jefes de cárteles del narcotráfico en Guerrero. En suma, se ha convertido en un intermediario e interlocutor entre grupos en pugna.

“El Teniente” fue abatido durante la captura de “El Carrete” y fue “ese guapetón recién casado” quien le confió, en una historia desgarradora, que se metió a las actividades del narco “porque asesinaron a su padre y a sus tres hermanos. Se tuvo que defender”, reveló Rangel Mendoza.

Sostiene que “la pacificación de municipios considerados con altos índices de violencia y homicidios se debe dar con recursos del Gobierno Federal… que ya están pactados, autorizados, pero no se han liberado. Me han dicho que ya, que ya vienen, pero siguen esperando. La gente que hace tres años y medio se dedicaban a la producción de la goma de opio se están muriendo de hambre, sin trabajo, sin proyectos productivos y están emigrando a las grandes ciudades del país y a los Estados Unidos, en busca de trabajo para subsistir”.

Con un amplísimo conocimiento de lo que afirma, monseñor Rangel Mendoza evitó el asesinato de un sacerdote, no hace mucho, y todo porque el cura ofendió a gente de los llamados “malos”. Confirma que intervino y pidió respetar la vida del clérigo, “porque si lo matan se va a crear un problemón… mejor hagamos lo siguiente: lo cambio a otro municipio y que no vuelva a mencionarlos siquiera”. Y así evitó el derramamiento de sangre..

Práctico, sin eludir preguntas, se considera amante de la música clásica, pero específicamente del chelo o violonchelo, según su estado de ánimo. Desde niño jugó fútbol, “pero ahora con este balón que tengo en la panza ya no”, como defensa y confiesa que sabía meter la pierna cuando era necesario. Lee literatura religiosa “porque debo estar preparado para no comer camote durante mis homilías”. Le gusta la historia. Tuvo parientes muy cercanos que participaron en “La Guerra Cristera”, en Guanajuato.

Le gusta la cumbia, rancheras y en especial Camilo Sesto y José-José. También oye a Juan Gabriel… ¿Baila? Nooooo. Soy malo para eso.
El obispo ha tenido acercamientos con el presidente de México, quien le ha dicho que habrá una serie de programas de apoyo para diversificar cultivos en la Sierra guerrerense y que en lugar de sembrar amapola o mariguana, se siembren duraznos, aguacates, calabaza…

Recordó que una mujer que rebasaba los 60 años, casi sin dientes, le dijo que le mataron a su hija y su yerno y que le dejaron dos niñas a las que tiene que mantener. Dice que siembra tantita amapola pero es para darles de comer a las menores. Historias estrujantes de que en la sierra hay hambruna, hay ausencia de acciones de gobierno y eso genera violencia e inseguridad.

Salvador Rangel Mendoza hace una pausa en la entrevista. El reportero le suelta lo siguiente:

–Sé, de antemano, que me podría contestar que su voto es libre secreto. Sin embargo, se lo voy a preguntar directamente, ¿Por quién votó para presidente de la República?

–Por Andrés Manuel López Obrador –lo dijo con naturalidad.

–¿Cree en él?

–¡Sí!

–¿Y en el gobernador Héctor Astudillo?

–Sí, claro. Con la mayoría de los integrantes de su gobierno… pero no en su secretario general de gobierno.

–Quizá haga falta que se tome un café con él y jueguen ajedrez. ¿No cree?

–Soy malo en el ajedrez, pero lo del café sí lo haría. ¡Es más… hasta intentaría hacer unas jugadas en el ajedrez!

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