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“Apresaron a Eloy Cisneros Guillén; ¡A Porfirio Muñoz Ledo lo cachetea Montiel!”

• Cuauhtémoc Cárdenas no entra al CERESO

Por Jorge VALDEZ REYCEN

–¡Usted no pasa!— gritó Agustín Montiel López, subsecretario de Seguridad Pública y encargado del CERESO de Acapulco a Cuauhtémoc Cárdenas y le cerró la puerta casi en el rostro.

–¡Usted sí, senador (Porfirio) Muñoz Ledo! –suavizó la voz.

Junto al excandidato presidencial estaba Cuauhtémoc Sandoval Ramírez al frente de un nutrido grupo de seguidores del PRD. A los reporteros nos dejaron ingresar “en paquete” por las puertas centrales, no por la Aduana. Todos a las oficinas de Gobierno para visitar a Eloy Cisneros Guillén, apresado en Ometepec unos días antes de esa visita en el CERESO de Acapulco.

El episodio ocurre durante el conflicto postelectoral de finales del año 1988 y principios de 1989. El PRD había tomado Ayuntamientos en las Costas Grande y Chica.

Muñoz Ledo era custodiado por el jefe policíaco hasta su oficina. “No fotos”, ordenó a los fotógrafos, por cuestiones de reglamento interno. Éramos cuatro o cinco periodistas a los que nos permitieron cubrir la entrevista que solicitaba el senador con el luchador social capturado, torturado y trasladado desde Ometepec, amarrado de pies y manos, sobre la batea de una camioneta pick-up de la entonces Policía Judicial.

Ya instalados en la oficina, Montiel se dejó caer en su sillón ejecutivo, con sus más de 120 kilogramos y casi 1.90 de estatura. Tronó el cuero. Por el teléfono interno pidió al jefe de custodios traer a Eloy Cisneros a la oficina.

Porfirio no se sentó frente al mando policíaco. Prefirió permanecer de pie, observando las fotos en cuadros. Se detuvo en la fotografía oficial del gobernador José Francisco Ruiz Massieu y esbozó una mueca de burla, acompañada de una frase hiriente: “¡Hasta parece hombre!”.

–¡Oígame, hijo de su chingada madre!… Al señor gobernador no lo va a insultar, por muy senador que sea”, gritó Montiel fuera de sí. Y mientras profería insultos, de dos zancadas se paró frente a Porfirio y le dio tremenda bofetada.

–¡Lárguese de aquí, hijo de su chingada madre! ¡Todos, fuera! –seguía gritando aquel funcionario convertido en un energúmeno.

A Eloy Cisneros lo regresaron a su celda, mientras que Agustín Montiel volvió a su oficina y se encerró. Días después de ese episodio de brutalidad, trascendió que ese día el funcionario le había llamado por teléfono al gobernador Ruiz Massieu para informarle lo que había ocurrido con Muñoz Ledo, a quien le dio una cachetada y corrió con cajas destempladas del penal porteño.

El mismo Montiel contaba a los reporteros que el gobernador “moría de risa” y su amistad con el mandatario se fortaleció.

Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo y la comitiva que los esperaba fuera del penal se fueron al zócalo para realizar un mitin donde denunciaron los abusos de poder y violaciones a los derechos humanos de luchadores sociales, así como el fraude electoral perpetrado por el gobierno de Guerrero.

La entidad vivió desde 1988 hasta 1990 momentos de agitación, convulsión y violencia postelectoral, así como casos de detenciones de opositores políticos. Uno de ellos fue Eloy Cisneros Guillén, quien recibió la presea Eduardo Neri del Congreso del Estado.

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